La sombra de mi pasión

Desde que comencé con mi blog, tenía muy claro que la poesía Sombra de mi pasión sería perfecta para el día de Navidad.

Sin embargo, me encontré con algunas dificultades por varios motivos: el primero es que, en mi opinión, el título es un poco engañoso. Por un lado, la sombra hace pensar en algo oscuro, ¿verdad? Y luego, en el momento en que lo escribí, vinculé la pasión, únicamente con el amor de pareja. En segundo lugar, al leer la poesía, parece que el protagonista es quien da los regalos; yo, en cambio, deseo subrayar que, en este caso, el protagonista aparece en la última línea de la poesía.

Por ahora dejemos estos puntos en suspenso. Continúo con la historia de cómo y cuándo escribí este poema.

El 30 de octubre de 1998 tomé un avión en el aeropuerto internacional El Dorado. Destino: Londres. Llegué a tierras británicas la noche de Halloween con la idea en mente de aprender inglés.

Después de un año de escuela, empecé a aburrirme con las mismas clases de siempre, donde había que llenar montones de fichas con ejercicios didácticos, ejercicios de completar con el sustantivo correcto o el tiempo verbal adecuado. En fin, el clásico sistema “de bloques”, en el que el idioma se descompone en reglas para memorizar y acumular. Solo que, a cierta edad, esta enseñanza se vuelve pesada; en lugar de despertar curiosidad, se termina por perder la motivación. Quizás la parte más estresante era no poder expresarme, es decir, hablaba muy poco inglés. Debo confesarlo: si hay algo difícil para mí en este mundo, es poder hablar bien inglés. Aunque vivía en el corazón de Londres, la mayor parte del tiempo hablaba en español. Además, en lugares como el metro se escuchan muchas lenguas, excepto inglés. Estaba en una fase de estancamiento total.

Un buen día leí en el tablón de anuncios “Creative Writing Course”. ¡Era justo lo que necesitaba! Como se dice en Italia, una actividad que une “lo útil con lo placentero”. Fue un curso de tres meses, del 17 enero al 20 marzo de 2000, dirigido a personas apasionadas por la escritura y con un buen dominio del inglés.

Me inscribí de inmediato. No tenía dudas sobre el primer requisito y, respecto al segundo, sabía que mi nivel aún era bastante bajo, pero lo tomé como una buena oportunidad para mejorar.

Fui demasiado optimista, porque de hecho entendía muy poco de los discursos de la profesora Maggie Russell, directora del curso; aun así, nunca me desanimé, porque lograba captar la esencia de los temas siguiendo los apuntes que nos dieron al inicio del curso.

La quinta y sexta semana eran los módulos dedicados a la Poesía. No estaba muy entusiasmada con este programa, porque en aquel momento mi interés eran las técnicas para escribir novelas.

Pero me tuve que retractar.

El primer ejercicio consistía en escribir unas líneas sobre la propia idea de un tema universal por excelencia: el amor. Después de otros ejercicios, nos dieron como tarea –para quien quisiera probar– escribir un poema.

En el silencio de mi habitación en el barrio de Richmond, escribí de un tirón y en español Sombra de mi pasión. Al releer esos versos, me sorprendí: me gustaban profundamente. Lo más sorprendente, sin embargo, es que en ese momento no tenía novio ni ninguna relación sentimental. La poesía, en cambio, parecía evocar el amor intenso y romántico de dos amantes.

En aquella época trabajaba como niñera para una señora americana, cuyo marido era español. Les pedí el favor de ayudarme con la traducción y así me presenté al sexto encuentro toda orgullosa, no tanto por haber completado la tarea como por la sensación de haber escrito un hermoso poema.

Luego le pedí a alguien que lo leyera por mí, dadas mis evidentes dificultades expresivas. Siguieron muchos comentarios, que por desgracia no logré comprender demasiado; recuerdo, sin embargo, que aquel día mi poema fue elegido como el mejor en absoluto y que la profesora Russell, en un momento dado, evocó el nombre de Jorge Luis Borges. ¡Quién sabe de qué se trató la discusión!: me pareció captar una cierta semejanza de estilo, aunque tal vez solo fue mi impresión o un poco de vanidad literaria.

Sombra de mi pasión es el primer poema que he escrito en mi vida. Este año se cumple el vigésimo quinto aniversario. ¡Viva!

Volvamos ahora al enigma del principio.

Para hablar de la sombra, me remito a la psicología de Jung. La sombra representa la parte inconsciente de nuestra personalidad, es decir, todo lo que no conocemos de nosotros mismos o que tendemos a ocultar. Con mi arte, sin embargo, esta parte toma forma a través de arquetipos: árboles, frutos, luna, manos abiertas… No son solo imágenes o palabras, sino símbolos universales que hablan un lenguaje más profundo. Cuentan emociones y verdades interiores que una lectura superficial no podría captar.

Solo ahora, a veinticinco años de distancia, logro comprender el verdadero mensaje de mi poema. Es como si ante mis ojos siempre hubiera existido un cofre oculto que finalmente se abrió. Solo hoy, con la conciencia de cada uno de los arquetipos que aparecen, logro ver lo que mi creatividad quería comunicar.

No es casualidad que en este periodo haya empezado a trabajar con las constelaciones familiares, un enfoque que pone en el centro los árboles genealógicos y las relaciones entre las personas. En este trabajo se vuelve fundamental una mirada amorosa y respetuosa hacia todos los miembros de la familia, aceptando a cada uno tal como es. Solo a través de esta aceptación es posible alcanzar reconciliación y paz.

Con respecto al tema romántico, creo que era válido en aquella época: la idea de ofrecer lo mejor de uno mismo a la pareja es hermosa, pero hoy la veo más como una visión miope, o mejor dicho, demasiado limitada. En realidad, se trata de un amor de mayor alcance, un amor que abraza a cualquiera, sin fronteras.

Y es precisamente aquí donde entra en juego el sujeto protagonista: no quien ofrece lo mejor de sí, sino quien es amado, quien tiene “la mirada inmensa”. Podrías preguntar: “¿Por qué él sería el protagonista?” Mi respuesta es que, aceptando al otro tal como es, sin peros ni condiciones, con esa mirada inmensa, el corazón se abre de verdad: significa ver la luz dentro de él.

En conclusión, el título de la poesía no es en absoluto engañoso: este poema es un himno al Amor en todas sus innumerables facetas, y todo el texto no es más que el reflejo de una pasión que permaneció oculta durante muchos años. Amor por la escritura, pero, sobre todo, por el Otro.

El letargo de Sombra de mi pasión ha llegado finalmente a su fin. El mejor momento para compartir es ahora: el día de Navidad. Concluyo con una propuesta: mírate al espejo e inicia a acoger esa mirada; desde ahí, tu corazón se abrirá.

Gracias por tu tiempo.

Luz

Poesía "Sombra de mi Pasión"