

¿Conoces la mirada de tu niño/a interior?
Luz Elsy Duarte Zapata

Cuando tenía 30 años vivía en Londres, era el año 2000, nada menos que el inicio del nuevo milenio. Estudiaba inglés, vivía y trabajaba con una familia británica. En casa había un niño que no me entendía, y naturalmente yo tampoco lo entendía a él. Cada vez era más evidente una molestia mutua, y fue precisamente pensando en él que, un día, le escribí una poesía.
“Con la mirada dura y el corazón vacío.”
Estos son los versos con los que termina esa poesía. Pasaron muchos años antes de que volviera a leer este texto; con la diferencia de que había entendido algo muy importante: "la mirada dura y el corazón vacío" no eran del niño, era yo quien tenía esa mirada hacia el mundo y, peor aún, hacia mí misma.
Después de comprender ese detalle, algo en lo profundo de mi ser se liberó y me dio el impulso para ir al encuentro de la niña que había dejado atrás, triste y abandonada. Con la intención de encontrarla, acogerla y remediar su sufrimiento, se encendió la chispa de mi camino de transformación personal.
A medida que empezaba a tomar conciencia de los dolores enterrados que me mantenían prisionera, tomé la decisión de cambiar las cosas. Me decía a mí misma que no era justo sentirme siempre insatisfecha, triste, con una rabia que descargaba sobre quienes me rodeaban, y además con mil inseguridades en la superficie.
Después de decidir que no era así como quería vivir mi vida, y sobre todo, impulsada por un fuerte deseo de sentirme mejor, comencé un camino de reconexión conmigo misma. Empecé a preguntarme el porqué de tantas cosas: ¿por qué había dedicado mi tesis de grado a mi padre? ¿Por qué me había venido a Italia siguiendo a un hombre que apenas conocía? ¿Por qué tenía momentos de profunda nostalgia sin una razón válida? ¿Por qué siempre recordaba los mismos eventos vividos con mi madre, precisamente los menos felices?
Con la intención de encontrar respuestas y mejorar mi vida, participé en encuentros de un Círculo de Mujeres, donde compartíamos muchas de nuestras experiencias, entre ellas la creación de una muñeca de lana para representar a la niña interior.
Ese simple acto, el querer ver y representar a mi niña interior, me ayudó poco a poco a ir más profundo, cada vez más, con más preguntas, con más necesidad de comprender, de liberarme de lazos invisibles, con una necesidad cada vez más urgente de quitarme el bozal que me impedía decir lo que realmente sentía. Y cuanto más profundizaba, más sentía que me crecían alas y, poco a poco, una nueva sensación, algo que llamaría paz. Paz en el corazón.
Esta sensación de calma no llegó sola, vino acompañada de una nueva mirada hacia la vida, hacia mí misma, el reconocerme como una persona valiosa solo por el hecho de existir. Pero lo que considero el logro más significativo es el sincero deseo de compartir, de donar al mundo algo de mí.
Por eso estoy aquí, para compartir lo que más amo hacer: escribir y, al hacerlo, honrar la profesión que elegí cuando tenía solo 12 años. Sí, desde adolescente estaba convencida de que esa era mi misión en la vida. Recuerdo que, sin saber a qué me enfrentaría profesionalmente, solo pensaba que quería ser una “doctora del alma”.
Querido lector, espero que mis poesías y mis experiencias de vida puedan despertar en ti la curiosidad de hacerte algunas preguntas; esto, sin lugar a dudas, es el inicio de un camino de transformación y crecimiento.
Entonces, ¿qué me dices? ¿Te gustaría dar un primer paso para acercarte a tu niño/a interior?
Gracias por tu tiempo,
Luz
“Si miras al niño que vive dentro de ti, estoy seguro de que te sorprenderá con muchos regalos maravillosos”.
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