
El niño interior
El psiquiatra Carl Jung fue el primero en describir, en 1912, la figura arquetípica del niño interior, con sus aspectos de luz como la vitalidad, la creatividad y la fantasía, y por otro lado, los aspectos de sombra como los miedos, la dependencia y el desconcierto.
La psicología infantil explica que los primeros años de la infancia son un periodo crucial en la vida de cada uno de nosotros y moldean al adulto que somos. Por suerte, hay quienes han tenido una infancia alegre, llena de cuidados y atenciones, y como adultos se comportan con espontaneidad, creatividad, alegría y asombro ante la vida misma. Muchas personas, sin embargo, recuerdan la infancia en función de las exigencias de sus padres; debían portarse bien o ser un “buen hijo”, lo que significaba renunciar al juego, a la espontaneidad, y así su crecimiento quedó enmarcado entre las expectativas parentales, los imperativos escolares y las exigencias de los adultos. Otros, lamentablemente, definen su infancia como una etapa difícil, y se sienten marcados por malos tratos, traumas y heridas; hay quienes, en cambio, han sufrido carencias de atención, de cuidados o de contacto físico.
Muchos de nosotros, en el afán de crecer, hemos olvidado a nuestro niño interior, negando lo que sentimos, nuestras necesidades, emociones, miedos e incluso nuestros deseos. Tal vez algunos varones recuerdan haber escuchado frases como “los niños no lloran”. Puede que otros hayan elegido una profesión para no decepcionar a su padre, en lugar de estudiar lo que realmente les apasionaba. Y así, para no mostrar nuestras fragilidades, nos hemos desconectado de nuestras emociones y hemos optado por llevar, la mayoría de las veces, máscaras que esconden el peso de nuestras heridas, rabias, frustraciones y tristezas. El resultado es que somos adultos temerosos ante la vida, estamos insatisfechos y enojados.
Tu niño interior está ahí, esperando ser cuidado, ser amado. Por eso, para sanar las heridas de tu pasado, debes amar, consolar y nutrir al niño que llevas dentro. Aprender a conocerlo y tratarlo como un buen padre o madre trataría a su preciado hijo. Él necesita saber que tú, el adulto que eres hoy, no lo vas a descuidar ni a maltratar como lo hicieron otros adultos en su vida.
"El bienestar psicológico implica reconocer, comprender e integrar al niño interior en la propia vida, liberándose de viejas heridas y desarrollando una mayor conciencia de sí mismo"
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