Mi zapato del corazón

El sueño

Me desperté temprano en la mañana y tomé en mano el esfero y el cuaderno porque se sabe que los sueños son como mariposas que vuelan y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Me había acostumbrado y escribí inmediatamente: “Estábamos en la cocina mi mami y yo de niña. La veía que vertía maizena en un recipiente. Con mis manos pequeñas jugaba a mezclar esa harina que parecía seda, reía y luego lloraba mientras me tocaba los dedos; el juego se hacía cada vez más divertido por las sensaciones que probaba al enterrar las manos en esa ponchera llena de suavidad blanquísima”.

Me esforcé en recordar algún otro detalle, pero nada, solo eso. Era un vaivén entre el llorar y el reír a medida que la harina sedosa me resbalaba entre las manos. Cerré el cuaderno. Tenía el día libre y decidí que cocinaría una torta.

De hecho, una de las cosas más importantes que he aprendido a hacer desde que vivo en Italia es cocinar, sobre todo hacer postres, en especial la torta Sacher que, aunque es una especialidad austriaca, me queda super buena. Preparé los utensilios a usar en el mesón de mármol. Saqué de la nevera seis huevos y la mermelada de albaricoque.

Alguien tocó el timbre.

Era el cartero con una carta certificada a mi nombre. Firmé con afán el recibo con una escritura irreconocible porque la mano me temblaba. Cerré la puerta y apoyé en ella mi espalda. Entre mis manos temblorosas tenía el sobre amarillo, no tuve más dudas cuando leí el remitente: Ministerio del Interno. Roma. La esperaba desde hace muchos meses, mi corazón estaba acelerado.

Era el Decreto Ministerial con fecha 26 de marzo de 2007 con el cual me había sido conferida la ciudadanía italiana. Textualmente: “A la arriba nominada Luz Elsy Duarte Zapata le es conferida la ciudadanía italiana. Consecuentemente a la misma le compete el pronombre Luz Elsy y el apellido paterno DUARTE en conformidad con la ley italiana”

Tal honor deriva del hecho de que me casé con un hombre italiano. La inmensa alegría sofocó ese rayo de tristeza por el hecho de llevar un solo apellido. Había leído bien entre líneas que perdía la integridad de mi nombre original, específicamente perdía mi apellido materno. En todo caso era una gran cosa tener la ciudadanía italiana, sólo que en ese momento no me di cuenta que había un precio a pagar y que en cierto punto se habría convertido en algo insoportable para mi.

En el almuerzo hicimos el brindis, algo justo sin dudas. Me parece ver esa linda escena, mi hijo putativo, mi marido, nuestra adorada hija de apenas un año y yo.

Apenas terminamos llamé a mi mamá porque a esa hora ya se habría levantado, considerando que tenemos siete horas de diferencia.

“Mami, obtuve la ciudadanía italiana” le dije al teléfono con voz feliz.

“Que bueno mijita. La felicito” me respondió sinceramente.

“La única cosa es que me hicieron un cambio. Ahora soy solo Luz Elsy Duarte”

“Cómo así?” Su voz denotaba desilusión y un toque de rabia, pero yo estaba demasiado contenta para entender sus sensaciones.

“Aquí se hace así” le respondí sin pensarlo mucho aunque sabía muy bien que este proceder le causaba un dolor en el alma. Ecco, en Colombia se usan los dos apellidos, y es algo sagrado, aunque si yo no había entendido la importancia de esto.

Tenía una gran alegría en el corazón y creía que de ahí en adelante como ciudadana italiana todo sería más simple para mi.

2. De madre a hija

Algunos años más tarde el sueño con la maizena se volvió a presentar y una vez más decidí cocinar una torta, así como para exorcizar quizás algún demonio interno que me hacía llorar de la risa en ese bendito sueño. Le puse a mi hija un delantal de talla pequeña pero aún le quedaba grande. Con sus cinco años apenas cumplidos estaba entusiasmada por cocinar conmigo. La dejé jugar con la harina y vi cómo se divertía al traspasarla de un tazón al otro.

“Mira, te muestro un volcán ” le dije con voz seductora como si se tratara de una magia, esto funciona siempre con los niños y ella me lo confirmó abriendo sus ojos llenos de curiosidad.

Primero que todo usé un tamiz y formé una montaña, después con el índice muy delicadamente aplasté la cima de la harina dejando una especie de valle.

“¿Estás lista para la erupción del volcán?”

Rompí un huevo y puse la yema en el hueco creado en la harina. Lo aplasté y efectivamente se derramaba creando perfectamente el efecto de la lava.

“Mami es muy lindo” me dice atrapada por la escena. Ví una luz alegre en sus ojos y esto me dió mucha ternura.

“Mi amor los volcanes de verdad tienen la lava calientísima y por eso hay que mirarlos de lejos. El nuestro en cambio se convertirá en una torta deliciosa toda de devorar” le dije.

Mientras sigo con la preparación de la torta ella se fue a ver los dibujos animados. Pensé de nuevo en el momento vivido con mi hija. Una intimidad sublime y al mismo tiempo efímera y volátil. “Una perla preciosa para el baúl de los recuerdos” me digo a mi misma con un suspiro.

De pronto, el sueño con mi madre me retornó a la mente. La cosa que me dejaba más perpleja era ese reír y llorar prácticamente en simultánea. Tal vez en ese momento empecé a entender mejor algunas cosas. Mi vida era muy bella excepto por la parte laboral. Había algo que, como se dice popularmente, me ponía palos en la rueda, pensándolo bien, había siempre algún problema con las mujeres con las cuales me relacionaba.

3. De hija a madre

El otoño comenzó hace poco, la temperatura ha disminuído mucho y para salir sirven chaquetas y al menos un foulard para evitar una rigidez de nuca. Desde la ventana se ve un viento fuerte que hace mover el follaje en una danza que llama mi atención. Parece que las hojas se agarren a los propios ramos con tal de no dejarse arrancar de esas corrientes de aire frío. Han pasado otros diez años y mi vida en Italia continúa siendo muy linda pero los problemas en el ámbito laboral persisten.

Pienso en mi madre y creo que sufriría muchísimo viviendo en esta parte del mundo sobre todo en las estaciones frías. Hoy es un día en que hay un gran remolino en mi cabeza y de pronto mirando los árboles entendí que me había equivocado al no conservar mi apellido materno. Por eso tenía a veces la sensación como de cojear, como si me faltara una parte de mi, y estoy como las hojas que se quieren agarrar a su árbol. Cierto, hice un mal a mi madre. Decido resolverlo inmediatamente.

Me informé sobre los trámites y debía escribir una carta motivadora al Comisario del Gobierno de Trento. Aquí textualmente las cosas que escribí:

“Dentro de poco cumpliré cincuenta años. La tierra que me vió nacer está lejos de la Bella Italia. Un tiempo era conocida como la Sabana de Bogotá porque está ubicada en un terreno geográficamente muy extenso en el centro del País. Mi Patria se llama Colombia, nombre dado en honor de Cristóbal Colón. El destino quiso que yo construyera mi vida en la tierra de este hombre emprendedor.

Pero. Estoy aquí. En Italia.

Ya desde hace muchos años me he sumergido en la cultura italiana al ciento por ciento, de la comida que cocino a mis hijos a las palabras que les dirijo. En todo y por todo me he adaptado a las leyes y tradiciones italianas.

Sin embargo, aunque tengo una vida en Italia no por ello quiero perder mis raíces. En lo profundo de mi ser resuena mi pasado vivido con mi familia, también quedan ancladas las tradiciones y costumbres colombianas. Especialmente la mirada amorosa de mi padre siempre me acompaña; aunque si ya no está con nosotros, él fue y será para mí el ídolo que forjó la persona que soy hoy. De niña y luego de muchacha seguía ciegamente los caminos que me

indicaba porque me parecían justos, respetando siempre mis decisiones me dió, como lo sabe hacer un buen padre la ayuda y la guía que necesitaba.

Con mi madre al contrario la relación era más distante, no sé exactamente por cual razón y ni siquiera veía el problema. A los treinta y dos años me vine para Italia y la distancia oceánica causó un cierto desentendimiento hacia ella. Hasta que desde el dolor profundo por la pérdida de mi padre entendí que había sido ingrata con ella; no me daba cuenta de su amor infinito y tampoco del dolor que le provocaba mi distancia y el hecho de que no llevara más el apellido materno, como se usa en Colombia.

En los últimos tres años nació en mí un sentimiento incómodo por mis faltas hacia ella y hoy me doy cuenta que esta relación es sagrada y que la pérdida del apellido ZAPATA provoca inconscientemente en mi una cierta desestabilidad que en mayor o menor medida ha condicionado mis relaciones interpersonales. Puedo afirmar con certeza que se trata de una amputación psicológica que afecta mi ser en su dimensión más profunda.

Pienso que si puedo recuperar mi nombre completo sería un regalo especial para mi madre y la mejor demostración de mi gratitud por las cosas recibidas, el solo hecho de haberme dado la vida ya es tanto! Quisiera justamente honrar a mi madre que aún está en vida restituyéndole la alegría de saber que su hija aunque en tierras lejanas mantiene sólidas las raíces familiares. Para mí significa entrar en posesión de mis seguridades perdidas luego en fuerza y coraje para continuar mi camino en Italia, como ciudadana, como mujer, como madre.

La anterior motivación me da hoy el coraje para solicitar la restitución de mi nombre en su forma completa y, quisiera concluir hablando de mi hija que ya tiene trece años. Usa solamente el apellido de su padre, quise explicarle a ella las razones de esta solicitud porque creo que es una acción diligente y justa, al fin de cuentas las raíces maternas son importantes donde quiera que se vaya” Firmado Luz Elsy Duarte.

Después del trámite burocrático recuperé mi apellido materno el 24 de enero del 2020.

Lo lindo de mi apellido materno es que, como sustantivo masculino, tiene un significado muy importante. En el idioma italiano “scarpa” significa literalmente “zapato”. Mejor dicho, la sensación de cojear seguramente se refleja en la falta de este “zapato”. Desde cuando recuperé mi nombre de bautismo siento caminar mejor; mis pasos son definitivamente más seguros, gracias sin lugar a dudas a la re adquisición de mi zapato del corazón.

Ahora mi hija cumplió dieciocho años. Mejor dicho tiene la mayoría de edad. Entre las muchas cosas que ha comenzado en su vida ha sido la de solicitar la ciudadanía colombiana por sugerencia mía. Hicimos ya la diligencia en el Consulado de Colombia en Milán y hoy es ya para todos los efectos una ciudadana colombiana. Pero esta es otra historia.

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