

Nuestra música
Luz Elsy Duarte Zapata

Cada vez que siento el deseo de escribir, me transformo.
Todo mi cuerpo se expande. Es una sensación de plenitud, de fuerza, de alegría.
Mi punto de partida son los poemas que he escrito a lo largo de mi existencia. No son muchos, pero en cada uno de ellos encuentro una luz maravillosa, tan intensa que ya no puedo guardarlos en un cajón. La poesía, se sabe, es el lenguaje del corazón. Es una forma de expresión un poco particular; me atrevería a decir mística y mágica, porque con sus símbolos habla al alma y la reconforta.
Y esta es la fuerza que encuentro en la poesía, y no lo digo solo por mis propias composiciones: es la misma sensación que tengo cada vez que leo a Neruda, Saramago, Szymborska, por mencionar solo a algunos.
Hoy, mientras escribo, siento que este espacio no es solo mío.
Es nuestro.
En realidad, nunca había sentido la necesidad de dirigirme explícitamente a mis lectores.
Sí, a ti que me lees.
Quiero decirte que este poema y este artículo, más que cualquier otro, me emocionan profundamente. ¿Sabes por qué? Porque me doy cuenta de que no soy solo yo quien escribe: del otro lado estás tú que me escuchas. Y en este encuentro sublime, sin tiempo, nos volvemos uno. Mi certeza nace de una frase sencilla, nacida hace muchos años dentro de este poema: “Es nuestra poesía. Es nuestra música”.
Antes de continuar con esta verdad, te explico rápidamente cuándo y dónde nace este poema. Tenía 39 años. En aquel momento asistía a un curso de formación profesional para convertirme en educadora en centros de primera infancia. Al final del curso quise escribir las memorias de esa experiencia formativa y regalarlas a mis compañeras, todas chicas mucho más jóvenes que yo. Fue un escrito con tono de fábula, y como introducción y saludo, en la primera página aparece este poema, que además no tiene título.
Volviendo a nosotros, aquí y ahora, retomo diciéndote que estoy agradecida a la vida por haber recibido este don de la escritura. Durante años creí haber escrito ese poema para las chicas del curso: para ellas eran las memorias. Hoy comprendo mejor algo que intuía pero no lograba ver con claridad: ese poema ya era un puente.
Un puente entre tú y yo.
Porque mientras lo releo siento que esas palabras ya no pertenecen sólo al pasado… se mueven, respiran, cambian de forma según quien las encuentra y se completan en el espacio que creamos juntos.
Querido lector, querida lectora, solo puedo esperar que el tiempo que me has dedicado haya sido agradable y, por qué no, que de algún modo pueda ofrecerte consuelo, esperanza, quizás incluso una pequeña cura.
Lo repito, con el riesgo de sonar insistente: para ti, querido lector, querida lectora, la belleza que encuentro está en sentirme un puente donde estamos tú y yo, donde hay fusión y escucha. La fusión con las palabras y la escucha de una música cuyo origen quién sabe dónde está. Tal vez en el sentimiento que nos une como seres vivos, en la alegría de compartir o en la esperanza a la que nos aferramos cada vez que atravesamos un problema y deseamos resolverlo de la mejor manera. Tal vez en darnos cuenta, por fin, de que nunca se está solo en la vida. Siempre habrá alguien a tu lado para darte valor, para escucharte, para ayudarte.
Es la vida la que quiere cantar contigo, conmigo; es una fuerza que personalmente me empuja a seguir adelante, a creer, a no perder la esperanza.
Este poema me hace pensar en la danza, en el disfrute, en un movimiento continuo, como la corriente de un río que en su recorrido busca el mar y, en algún momento, se funde en él y reconoce su verdadera esencia. Así yo, cuando te encuentro, sé que algo te llega, que nuestras corrientes de vida recuperan fuerza, coraje, impulso. Porque no estamos solos.
Hoy puedo decirlo con más claridad: sin saberlo, cuando escribí esos versos, ya estaba creando un espacio. Un espacio de encuentro. Un espacio de escucha. Un espacio compartido.
Cuando entendí que este canto venía de lejos, esa fuerza sin nombre que quiso usar mis manos para expresarse, sentí que era una raíz profunda que empuja en la oscuridad y que, cada vez que es sentida, escuchada, se transforma en una rama al sol que expande su melodía y la entrega al viento.
Esta historia no es mía. No la retengo. La he recibido y la transmito. Ahora la dejo aquí. No como algo que deba entenderse, sino como algo que debe atravesarse, sentirse.
He escrito esta historia para ti. Te la confío, querido lector, querida lectora, que estás de paso en este puerto y has elegido detenerte un momento. Solo puedo darte las gracias por haber escuchado mi canto: me alegra saber que, contigo, la música seguirá encantando a este mundo absorto en ruidos vanos.
Espero haberte sido útil hoy, o en el momento en que sientas la necesidad de volver aquí. Mi deseo es que mi paso tenga sentido para ti: que mi experiencia pueda convertirse en un instrumento vivo, capaz de acompañarte en tu camino, en la música de tu canción, en tu manera única de danzar la vida.
Si te das cuenta de que estás repitiendo siempre la misma melodía, como un disco rayado, recuerda que dentro de ti está la posibilidad de cambiar la música. Y si no sabes por dónde empezar, puedo ofrecerte mi experiencia para ayudarte a reencontrar una nueva armonía, la tuya. Estoy aquí, con mi barca y con lo que he aprendido en el viaje, lista para acompañarte en la escucha de tu voz.
Porque a veces cambiar la música no significa forzar nuevas notas, sino aprender a escuchar de verdad las que ya existen, dejando que encuentren un ritmo distinto, más auténtico, más tuyo.
Quiero terminar con otro verso que me es muy querido: “Te regalo mi arte / pobre, sencillo, desnudo”. Esto para decirte que no ofrezco perfección —nadie la tiene— sino autenticidad, lo que realmente tengo.
Todo esto para acompañarte, por un tiempo, a construir algo juntos, mientras yo entono el canto de mi corazón: Poporocom, poporocom, poporocom!
Querido lector, querida lectora, a este poema le falta un título. Si te va, ¿quieres escribirlo tú?
Cuando lo desees, escríbeme: juntos podemos intentar reescribir las notas de tu canción.
Con ligereza, alegría y plenitud,
Luz
Sígueme
© 2025 Luz Elsy Duarte Zapata. All rights reserved | P.I: 02801450228
Inspiraciones para una vida mejor
By feduza®
