La Cosecha Interior

El viaje para reencontrarse es un ritual lento, sagrado, hecho de escucha y de regresos. La meditación abre la puerta a la consciencia y al amor.

Aquí tienes una meditación guiada sobre la cosecha interior: puedes leerla lentamente o escucharla grabándola con tu propia voz. Dura unos 8–10 minutos.

Encuentra una posición cómoda. Siéntate o recuéstate, dejando que el cuerpo comience a relajarse, y cierra suavemente los ojos.

1. Llegar al momento presente

Toma una respiración profunda… y deja salir el aire lentamente. Una vez más… inhala… y exhala.

Siente que cada respiración te acerca un poco más a ti mismo/a. Deja que los hombros desciendan. Relaja la mandíbula. Suaviza la mirada detrás de los párpados cerrados.

2. Entrar en el otoño

Imagina ahora que caminas por un paisaje otoñal. El aire es fresco, pero agradable. A tu alrededor los colores son cálidos: oro, rojo, naranja. Siente el crujido de las hojas bajo tus pies.

Caminando, llegas a un pequeño viñedo. Los racimos están maduros. Es el momento de tu cosecha interior.

3. La cosecha

Acércate a las hileras y observa los racimos que representan lo que has madurado este año:

experiencias, decisiones, aprendizajes, cualidades que han crecido en ti.

Deja que las imágenes lleguen sin forzarlas. Quizá veas momentos concretos, quizá solo sensaciones. Reconoce tu cosecha con gratitud, incluso las cosas difíciles que te han hecho crecer.

Ahora imagina que recoges lentamente algunos de esos racimos. Elige los que sientas más importantes, más llenos de significado. Sosténlos entre tus manos con delicadeza.

4. El prensado: extraer la esencia

Imagina ahora un pequeño lagar, simple y luminoso. Coloca dentro los racimos que has recogido.

Mientras comienzas a prensar, siente que de cada experiencia desciende una esencia pura:

un valor, una cualidad, una comprensión. Quizá sea coraje, confianza, lentitud, cuidado, claridad, libertad.

Deja que estas esencias fluyan y recógete en aquello que sientas más verdadero. Respira profundamente mientras reconoces lo que realmente te nutre.

5. Soltar

Ahora mira los árboles a tu alrededor.

Las hojas caen una a una, sin esfuerzo.

No resisten, no retienen: se entregan.

Pregúntate:

“¿Qué puedo soltar ahora?”

Tal vez un pensamiento recurrente, una preocupación, un hábito que te pesa, una emoción que has retenido durante demasiado tiempo.

Imagina que tomas una hoja entre los dedos.

Coloca en esa hoja aquello que deseas dejar ir.

Y luego, con un gesto suave, déjala caer al suelo.

Observa cómo el viento se la lleva.

Siente el alivio del espacio que se abre dentro de ti.

6. Regresar con un regalo

Mira de nuevo tu “vino interior”, la esencia que has obtenido de tu cosecha. Lleva este regalo al centro del pecho, a la zona del corazón. Permite que se difunda lentamente por tu cuerpo, como calor o como luz.

Repite despacio dentro de ti:

“Recojo lo que me nutre. Suelto lo que ya no me sirve.”

7. Cerrar la meditación

Comienza a llevar de nuevo la atención a la respiración. Inhala… y exhala. Siente el cuerpo apoyado donde estás. Mueve lentamente los dedos de las manos y de los pies.

Cuando te sientas listo/a, abre los ojos. Permanece un momento más en silencio, escuchando cómo te sientes.