Anímare

Durante mi adolescencia asistía al bachillerato en el Gimnasio Los Ángeles. En ese período, mi compañera Diana Marín me hizo una invitación inesperada: participar en un curso de artes marciales. Esa sencilla invitación, nacida casi por casualidad, fue el inicio de una experiencia intensa en mi vida.

La academia se llamaba Ken Jitsu y estaba ubicada en el sur de Bogotá, una zona que hasta entonces conocía poco. Durante dos años, cada sábado por la tarde cumplía mi ritual: cruzaba la puerta de la academia como si fuera la entrada de un templo.

La jornada comenzaba con el calentamiento muscular, una hora de movimiento que despertaba el cuerpo. Luego seguía el estudio atento de gestos precisos de brazos y piernas, organizados en esquemas codificados, como si cada uno de ellos resguardara un antiguo secreto.

Pero era al final, cuando el sudor se aquietaba y el silencio se posaba entre nosotros, cuando llegaba la parte que más me fascinaba: un momento lleno de misticismo, típico de las culturas orientales.

Allí, en una pared, había frases que hablaban más allá del tiempo. Una de ellas, sencilla y luminosa, quedó grabada en mí como el eco de una verdad serena:

«La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce».

Desde entonces se convirtió en mi hilo de oro. En los días llenos de duda me sostuvo. En las noches más densas me recordó la dulzura que espera del otro lado del esfuerzo. Una frase que, como un mantra, tenía el poder de darme la fuerza para no rendirme.

Con la misma intención —ofrecerte un destello, una chispa, una palabra capaz de abrazar tu momento presente— nace Anímare.

Setenta frases que, a lo largo de los años, he vuelto a encontrar entre las páginas de mis agendas y que ahora pongo a tu disposición. Filósofos, poetas, escritores, grandes pensadores y también alguna que otra voz popular llena de sabiduría. Las comparto contigo como invitaciones gentiles, huellas que seguir, consideraciones para la reflexión. Todo para caminar juntos hacia una mayor consciencia y un poco más de luz cada día.

La mayoría de estas frases proviene de una agenda que recibí como regalo de sor Lucía, una mujer pequeña, de sonrisa permanente a pesar del hábito gris. La recuerdo con profunda gratitud: en mis primeros días en Londres, ella y su comunidad ayudaron a mí y a muchas otras jóvenes —no solo sudamericanas— a encontrar trabajo en hogares británicos.

Esa agenda me había gustado muchísimo. En cada página aparecían frases en cinco idiomas distintos: español, francés, italiano, portugués y, por último, inglés. En ese entonces fue una verdadera maravilla encontrar textos ya en inglés. Para alguien como yo, con una gran sed de aprender, era un atajo valioso que no podía pasar desapercibido.

Quiero contar ahora de dónde nace el nombre Anímare. En italiano evoca dos sustantivos: anima (alma) y mare (mar). Dos palabras que resuenan profundamente en mí, también porque siempre he amado el mar. Al mismo tiempo, tanto en español como en italiano, animare remite a un verbo transitivo. En mi idioma materno, el primer significado que recoge el diccionario de la Real Academia Española de animar es: «Infundir vigor a un ser vivo». De manera similar, el diccionario italiano De Agostini define animare como “dotar de alma, de vida”. En ambos idiomas, finalmente, la palabra hunde sus raíces en el latín animāre, cuyo significado original es “vivificar”.

Este breve excursus etimológico sirve para explicar cómo hice mío este término, introduciendo una modificación significativa. No filológica ni pensada para especialistas en lenguas, sino deliberadamente simbólica. La utilizo como “sello” de mi proyecto profesional: emplear el lenguaje como herramienta de crecimiento personal. La modificación consiste en el acento agudo sobre la i —típico del español— que le da al término un relieve especial en la pronunciación, evocando mayor intensidad, presencia y vitalidad.

Ya he utilizado Anímare al cierre de sesiones de constelaciones familiares, con la convicción de que cada persona sabe captar el mensaje contenido en los aforismos: a veces para aportar claridad sobre el tema trabajado, otras simplemente como un impulso motivador para cerrar una sesión.

Cuando faltaban pocos días para terminar el 2025, comprendí que esos mensajes, nacidos de una sabiduría sin tiempo, pedían un espacio más amplio para poder resonar de verdad. Así nació la idea de llevarlos a la red a partir de enero de 2026, para que pudieran continuar su viaje y llegar a quienes estuvieran dispuestos a escucharlos.

El paso siguiente me dejó sin palabras.

Después de un momento de profunda conexión con mi centro, levanté la tapa de cristal y, con la mano izquierda, saqué al azar un pequeño papel, como se hacía en los rituales de antaño.

«El camino más largo comienza con un solo paso… ¿Quieres darlo?»

En ese instante comprendí que ninguna de las otras sesenta y nueve frases, guardianas de un saber antiguo, podía haber sido más adecuada. Querido lector, querida lectora, Anímare —voz de una sabiduría que atraviesa los siglos— nos entrega una invitación clara y poderosa: iniciar un nuevo ciclo con confianza, energía renovada y el corazón abierto. A lo largo del camino, nos recuerda, no faltarán guías dispuestas a acompañarnos hacia aquello que verdaderamente deseamos llegar a ser.

Conviene recordarlo, como nos enseñan los saberes antiguos: todo verdadero proceso de transformación personal no nace de cambios drásticos, sino de un gesto simple y esencial, de una primera disposición interior asumida con plena conciencia.

Un paso a la vez. La puerta solo se abre desde adentro: la elección es nuestra.

Mis mejores deseos de un muy Feliz Año.

Luz